Foro de Periodistas de Ecuador

Los videos aficionados más allá del morbo

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En la lucha contra la delincuencia, los ciudadanos tienen el deber de denunciar los hechos que atañen a la seguridad ciudadana, sobre todo, quienes han sido víctimas o testigos presenciales de los sucesos que afectan a la propiedad privada o pública, y a la integridad de la persona.

El combate a esta problemática social ha evolucionado con el pasar del tiempo. Las técnicas de investigación para hallar a los responsables de hurtos, robos, estafas y asesinatos han mejorado con el avance de la tecnología. Los investigadores tienen más herramientas y así la brecha entre la impunidad y la justicia se ha acortado.

El común de los ciudadanos también está inmerso en la evolución de este combate. Con la facilidad para acceder al uso de dispositivos tecnológicos, los hechos que suceden en la vía pública trascienden, con más frecuencia, en la red, a través de formatos fotográficos o audiovisuales. La difusión de estas piezas digitales es más recurrente aún si las situaciones captadas generan miedo, sorpresa, aversión, ira, alegría o tristeza.


En la actualidad existen 14 millones de abonados registrados a la telefonía móvil y el 50% de la población tiene cobertura de servicios 4G, según un informe del Ministerio de Telecomunicaciones (Mintel).


En las últimas semanas de septiembre y octubre del 2017, se han viralizado videos relacionados con situaciones que vulneran la integridad de ciudadanos en Guayaquil. Hechos captados por cámaras de seguridad de negocios y por una persona que percibió la actitud sospechosa de tres individuos previo a un asalto.

Este último caso se registró el viernes 6 de octubre. En el video que se compartió, de forma masiva, vía WhatsApp, Facebook y Twitter, se muestra cómo tres personas observan el paso de autos en un sector de la avenida Malecón Simón Bolívar, en el centro de la urbe porteña, como si estuviesen esperando que algo en particular suceda.

En el audiovisual se los ve inquietos. De pronto caminan a la par del flujo vehicular (sentido sur-norte), con su mirada en un carro de color concho de vino. Aprovechan que el tránsito fluye de forma lenta y se mezclan entre los automotores, rodean estratégicamente a su objetivo con actitud amenazadora. Uno se sitúa en frente del carro, saca un arma y apunta a la conductora, mientras los otros dos antisociales amedrentan a los ocupantes del vehículo por las ventanas. Todo queda registrado en una grabación que se realizó con un teléfono móvil.

En menos de 24 horas, la Policía detuvo a una organización delictiva que tenía como base un inmueble ubicado en el centro de la ciudad. Entre los siete aprehendidos constan dos sospechosos del robo. La víctima de este hecho acudió a la Fiscalía y reconoció a estas dos personas como los asaltantes que se le llevaron su teléfono móvil.

En el análisis al video realizado por los agentes policiales se identificó la vestimenta de los delincuentes, prendas que fueron halladas en el operativo.

Este es un ejemplo de los alcances que puede tener una grabación de un hecho delictivo y su difusión en plataformas digitales. La difusión de este tipo de material promueve también un debate social.

Aunque los trinos en Twitter, las publicaciones en  Facebook y las conversaciones de los chats de WhatsApp parezcan invisibles, estas manifestaciones virtuales generan una fuerte presión sobre el accionar de las autoridades. La misma noche en que se registró el asalto en el centro de la urbe porteña la Policía anunció un operativo extraordinario para atrapar a los hampones. Días más tarde, el presidente Lenín Moreno anunció la llegada de 700 nuevos policías al puerto principal para reforzar la seguridad ciudadana.

Grabar o pedir auxilio

¿Es correcto o no grabar un hecho delictivo en vez de pedir auxilio? ¿Con qué objetivos los medios de comunicación usan estas piezas audiovisuales para elaborar sus reportajes? ¿Qué tratamiento se le da a estas imágenes antes de ser publicadas en canales convencionales?

El fiscal César Peña, quien integra la Unidad de Personas y Garantías de la Fiscalía del Guayas, señala que lo recomendable es que el ciudadano denuncie de inmediato al Centro Integrado de Seguridad ECU-911 cuando presencie un delito. No obstante, el operador de justicia destaca que los videos de esta naturaleza, que circulan en las redes sociales, aportan información valiosa para la judicialización de estos delitos.

“Ahora se ha puesto de moda que los ciudadanos visualizan un delito y de inmediato lo filman y lo suben a las redes sociales. La Fiscalía y la Policía, que tienen redes sociales, inmediatamente visualizan el hecho y proceden de oficio a investigar el delito, como en el caso del Malecón. De oficio, sin necesidad de denuncia, porque el hecho ya es público”, refiere el funcionario judicial, quien aclara que las grabaciones deben de hacerse con el fin de ayudar a las autoridades y no para generar morbo o captar seguidores en las redes.

La ‘ruta’ de los videos aficionados

En primera instancia el video es captado por un ciudadano que identifica una anormalidad en el desarrollo de los roles de la sociedad. Este graba las circunstancias en las que se produce el hecho y, en la mayoría de los casos, carga el archivo audiovisual en una o varias de las plataformas digitales de consumo masivo, casi siempre lo publica sin ningún filtro.

La ruta continúa. El archivo es ‘clonado’ en fracciones de segundos y se reparte como estampita en días de procesión religiosa. Se convierte en el tema de conversación de moda.  Los medios de comunicación, que están ávidos por contar historias frescas e impactantes, no se quedan atrás y participan de la vorágine. Descargan la pieza visual y le dan un tratamiento antes de publicarla en sus noticiarios y redes sociales.

El periodista de crónica roja de TC Mi Canal, Leonardo Flores, explica que estos videos son sometidos al código de ética profesional y a la Ley de Comunicación cuando se los procesa en la elaboración de un reportaje televisivo. Flores, quien cubre sucesos que se registran durante la madrugada, en Guayaquil, indica que el reportero se encarga de confirmar la veracidad del material y, en el tratamiento de las imágenes, busca que no se afecte los derechos de quienes aparecerán en pantalla. Como parte de este proceso se usan herramientas técnicas de edición para tapar rostros y elementos que puedan vulnerar la imagen e integridad de alguna persona involucrada.

“Es una decisión profesional de cada periodista. Estamos preparados para tomar esas decisiones (publicar videograbaciones de hechos delictivos)”, puntualiza el periodista.

En el área de noticias de Canal UNO, este tipo de audiovisuales es sometido al criterio de un director de noticias, de un jefe de información y de un productor ejecutivo, detalla Jorge Sper, reportero y conductor del noticiario de esta empresa televisiva. “Hay lineamientos. No sacamos rostros para evitar tener problemas con la ley, para evitar que las revictimización de las personas, incluso para evitar que los delincuentes si llegan a ser declarados inocentes se vayan en contra del medio. Se tiene cuidado con las imágenes fuertes, para evitar que el medio sea sancionado por incitar a la violencia”, cuenta Sper.

La lección más allá del morbo y el rating

Los comunicadores consultados concuerdan en que más allá del rating que se genera por el impacto de las imágenes está el mensaje de prevención que engloba la historia por sí misma o, el reportaje, de no caer en el amarillismo.

Jorge Sper cree que estos videos se han convertido en alertas para la sociedad en general  que, aunque de forma cruda, muestran la circunstancias con las que se puede enfrentar el ciudadano de a pie.

“Hay gente que es muy conservadora y que critica que se difundan estos videos, como por ejemplo el video del asesinato del dueño del restaurante de Urdesa Central. Bueno, eso es un ejemplo de lo que pasa cuando una persona trata de detener a un delincuente armado. El delincuente lo mata. Está el otro video, el de la av. Malecón. La gente sabe que esta modalidad de robo se da en la Perimetral, pero ahora se ha dado en el Malecón. Entonces ahora uno está más precavido, como conductor y como pasajero para no ser víctima de la delincuencia”, reflexiona Sper.

Leonardo Flores considera que la dureza de las historias que quedan captadas en video remecen la consciencia del espectador.

“Muchas veces se difunden videos de accidentes, en los que se puede ver la imprudencia de los conductores.  Estos videos ayudan a la gente a estar advertidas de lo que puede pasar”, menciona Flores.

Los reporteros concluyen en que es positivo que grabaciones de delitos se difundan en las redes sociales, siempre y cuando sean videos de hechos reales, para que a través de estas plataformas se conozca la realidad en la que tratan de convivir los ciudadanos, más allá de percepciones o estadísticas.

 

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